Paz y bien

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Este señor que veis en la foto es Sergio Amaya, más popularmente conocido en su entorno como Paz y bien. Nos lo encontramos por las calles del barrio de La Candelaria, en Bogotá y como parecía tener mucho que contar, nos quedamos a escucharle. Nos pregunta, antes de nada, “¿qué es mejor, meter las manos en las bolsas, o en los bolsillos?”, porque él se dedica a rebuscar en las basuras para reciclar. Pero nos hace su crítica al poder, también.

Habla como un hombre culto, con una tranquilidad elegante y con una verborrea paradójica a su ropita mugrienta. Nos cuenta que lamentablemente, no le hizo caso a su mamá, y abandonó sus estudios de Geografía e Historia, pero que al fin, se siente muy orgulloso de su profesión. Tiene en mente un revolucionario “Plan Piloto de Reciclaje”, con el que 10 chavales uniformados y acreditados se dedicarían “honradamente” a la tarea de recoger todo eso que aun sirve y que la ciudad deshecha. “Porque hay algunos que de noche, se llevan las tapaderas de las alcantarillas, o arrancan los cables de cobre de las casas, para venderlos, y claro, así la gente nos mira mal, a los recicladores”.

Paz y bien nos cuenta, bajo cuerda, que al hijo del presidente, Jerónimo Uribe, lo conocen por “El Zar de la Chatarra”, y que hace buen negocio con el trabajo de los que rebuscan en la calle…

Le invitamos a una almojábana, un panecillo típico de aquí. “Os deseo paz y bien”, se despide. Sospecho que por desgracia, su pequeño plan para cambiar el mundo, o su pequeña realidad, se quedará en este rato de charla.

málaga global village

              

En estos días atrás en que llovió tanto, mis ganas de volver a Amsterdam, que ya eran muchas, se multiplicaron. Quizás por eso tomé una foto que podía haber hecho allí, hace cinco años en las calles del barrio donde vivía, Bos en Lommer, en la zona musulmana de la ciudad. Entonces me parecían novedosas esas cadenas comerciales dedicadas exclusívamente a la perfumería y a la cosmética; hoy están en todas partes, como el chador, y aquí, incluso mézclándose con el olor a pescaíto frito.

Mientras no pueda volver, me desquitaré echando un vistazo a Van der Keuken, a ver si me reencuentro con lo particular. Pero si el paisaje tiene intenciones de seguir homogeneizándose, tendré que huír mucho más lejos de la pantalla, donde no quepan confusiones.

Lalo (Laura Friedman) Mario Bros. Theme

Señoras y señores:
Esto es una marimba, aquí tocada con muy buen humor y gran sentido del gusto para el repertorio por mi reciente descubrimiento musical, miss Lalo. No me la confundan con un xilófono gigante, por favor. Como ven se toca con 4 palitos en vez de con dos, aunque sean de la misma familia, a la que también pertenece el vibráfano, del que otro día les pondré otro bonito vídeo para que no me vuelvan a preguntar “que estudio el vibraquéeee?”
Por supuesto, yo no toco como ella, pero me conformo con que vayan reconociendo estos instrumentos, para no herir mi corazoncito de percusionista…

esto puede ocurrirle a usted

Aquella tarde de finales de enero, los alumnos se afanaban por terminar los trabajos requeridos para aprobar la asignatura.
Ubicados en la sala 2.4, donde flamantes ordenadores nuevos, como un ejército de jinetes negros (malvados caballeros del reino Windows) se erguían altivos y rectilíneos, luz cuadrada, sobre las mesas bastas de materiales actuales no identificables, tecleaban, los infelices, a velocidad de academia del año en que suspendieron el instituto y casi abandonan sus estudios; almas cándidas, subyugadas por el deseo de quitarse de encima aquella materia sin tener que recurrir a la última y desesperanzadora opción de examen.
Habían confiado su futuro inmediato y el eterno, su dicha y su bienestar mental, todo cuanto eran en aquel momento, a esas máquinas prometedoras, símbolo de la convergencia digital europea hecho carne y subvención para material universitario.
Entonces, ocurrió.
Un crujido seco y metálico sonó a lo largo de toda la estancia. Un coro de suspiros hacia dentro dejó la atmósfera en su mínimo nivel de oxígeno. Durante milésimas de segundo, la temperatura de la hiperbólica calefacción sumada a la impotencia absoluta ayudó a que algunos rostros llegaran a ser casi incandescentes.
Sí. Se apagaron todos de golpe. El bedel puso torpes excusas tras trastear incapaz en el cuadro de luces. Desapareció, caminando despacito mientras atendía nuestros interrogantes, sin dejar de mirarnos y asentir, con pasitos laterales hacia la puerta. No volvió nunca más.
Tampoco el archivo del trabajo que hay que entregar mañana, en el despacho, a ese profesor que no que no admite excusas, ni se conmueve ante las circunstancias de gran catástrofe.
Y tú, ¿cada cuánto guardas?
Remember to save.
(basado en hechos reales)

la navidad, los juguetes y yo

btyyo.jpgDe lo mejor que me aconteció estas navidades, fue un reencuentro con los juguetes de la infancia. La nochebuena la pasé muy divertida con mi  sobrina Noa, al margen de todo protocolo familiar, haciendo churros de plastilina con un remake de uno de los trastos que recuerdo con mayor entusiasmo de la infancia, la cafetería fabrica pasta de Play Doh.

Pero el día de navidad me trajo una sorpresa aun mayor. Mi hermano se había dedicado a restaurar el viejo Big Trak!!! una reliquia del universo lúdico de los 80 que se convirtió en el rey de la casa por un tiempo, obra de arte de la robótica doméstico-infantil, que ahora luce con un look un poco más noventero con el toque de pintura metalizada que le ha dado, y con una pegatina bastante molona que ha rehecho mi otra hermana en los botones de ejecución …para que luego digan que soy la rarita de la casa… La verdad es que ha quedado precioso…

la navidad, los juguetes y las niñas II

El más lúcido cliente que tuve estos días fue un pequeño llamado José Manuel, de unos 4 años, que muy serenamente me pidió un libro de Tarta de Fresa porque “soy una niña”, me dijo. Eso si que es tenerlo claro desde temprana edad.

la navidad, los juguetes y las niñas I

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Mis navidades transcurren, una vez más, como dependienta en el pequeño reino infantil de una librería de la ciudad. Si Beatriz Preciado asomara por estos lares, se le caería hasta los pies su “micropolítica de las células” cuando viese a las propias madres solicitando abocajarro libros de princesas para sus nenas y a los padres los de piratas y fútbol para sus nenes.

Además de todo, la mayoría de los familiares, no tiene ni idea de qué regalarle a los pequeños, ni de sus capacidades, ni de si podrá leer ya este libro porque reconoce las minúsculas o solo sabe contar hasta cuatro. Pero eso sí, parece tener bien claro que no regalará nada contraproducente a su correcta socialización de sexo y género…

La cosa continúa en el terreno adolescente (con títulos tan hiperbólicos para ellas como “Si cupido me echase una mano, ¿me amaría él con locura?”, que darán lugar, de seguro a una madurez afectiva de lo mas esquizoide)  y los que se llevan la palma, a mi modo de ver y por muy alternativa que parezca la cosa, son los japos, con su manga ya clasificado como “shonen” y “soho” en las propias portadas.

Así que la próxima vez que alguien me pregunte qué le puede regalar a su sobrino de 5 años al que le gustaban mucho los patitos pero ahora no sabe si ya será un poco mayor para desplegables de animales, o a su ahijada que está en una edad difícil, le recomendaré que primero lea él algo interesante y después, por supuesto, que le compre al enano o la adolescente lo que le de la gana, que al fin y al cabo el regalo será para ella o para él. Pero que si pregunta, se atenga, entre otras cosas, a que le recomiende el de guerreros a su chiquitina de la casa. Aunque sea para que aprenda a combatir esta barbarie llamada cultura…