
En estos días atrás en que llovió tanto, mis ganas de volver a Amsterdam, que ya eran muchas, se multiplicaron. Quizás por eso tomé una foto que podía haber hecho allí, hace cinco años en las calles del barrio donde vivía, Bos en Lommer, en la zona musulmana de la ciudad. Entonces me parecían novedosas esas cadenas comerciales dedicadas exclusívamente a la perfumería y a la cosmética; hoy están en todas partes, como el chador, y aquí, incluso mézclándose con el olor a pescaíto frito.
Mientras no pueda volver, me desquitaré echando un vistazo a Van der Keuken, a ver si me reencuentro con lo particular. Pero si el paisaje tiene intenciones de seguir homogeneizándose, tendré que huír mucho más lejos de la pantalla, donde no quepan confusiones.



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