sobretodoporlatarde

esto puede ocurrirle a usted

February 15, 2008 · Leave a Comment

Aquella tarde de finales de enero, los alumnos se afanaban por terminar los trabajos requeridos para aprobar la asignatura.
Ubicados en la sala 2.4, donde flamantes ordenadores nuevos, como un ejército de jinetes negros (malvados caballeros del reino Windows) se erguían altivos y rectilíneos, luz cuadrada, sobre las mesas bastas de materiales actuales no identificables, tecleaban, los infelices, a velocidad de academia del año en que suspendieron el instituto y casi abandonan sus estudios; almas cándidas, subyugadas por el deseo de quitarse de encima aquella materia sin tener que recurrir a la última y desesperanzadora opción de examen.
Habían confiado su futuro inmediato y el eterno, su dicha y su bienestar mental, todo cuanto eran en aquel momento, a esas máquinas prometedoras, símbolo de la convergencia digital europea hecho carne y subvención para material universitario.
Entonces, ocurrió.
Un crujido seco y metálico sonó a lo largo de toda la estancia. Un coro de suspiros hacia dentro dejó la atmósfera en su mínimo nivel de oxígeno. Durante milésimas de segundo, la temperatura de la hiperbólica calefacción sumada a la impotencia absoluta ayudó a que algunos rostros llegaran a ser casi incandescentes.
Sí. Se apagaron todos de golpe. El bedel puso torpes excusas tras trastear incapaz en el cuadro de luces. Desapareció, caminando despacito mientras atendía nuestros interrogantes, sin dejar de mirarnos y asentir, con pasitos laterales hacia la puerta. No volvió nunca más.
Tampoco el archivo del trabajo que hay que entregar mañana, en el despacho, a ese profesor que no que no admite excusas, ni se conmueve ante las circunstancias de gran catástrofe.
Y tú, ¿cada cuánto guardas?
Remember to save.
(basado en hechos reales)

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