Este señor que veis en la foto es Sergio Amaya, más popularmente conocido en su entorno como Paz y bien. Nos lo encontramos por las calles del barrio de La Candelaria, en Bogotá y como parecía tener mucho que contar, nos quedamos a escucharle. Nos pregunta, antes de nada, “¿qué es mejor, meter las manos en las bolsas, o en los bolsillos?”, porque él se dedica a rebuscar en las basuras para reciclar. Pero nos hace su crítica al poder, también.
Habla como un hombre culto, con una tranquilidad elegante y con una verborrea paradójica a su ropita mugrienta. Nos cuenta que lamentablemente, no le hizo caso a su mamá, y abandonó sus estudios de Geografía e Historia, pero que al fin, se siente muy orgulloso de su profesión. Tiene en mente un revolucionario “Plan Piloto de Reciclaje”, con el que 10 chavales uniformados y acreditados se dedicarían “honradamente” a la tarea de recoger todo eso que aun sirve y que la ciudad deshecha. “Porque hay algunos que de noche, se llevan las tapaderas de las alcantarillas, o arrancan los cables de cobre de las casas, para venderlos, y claro, así la gente nos mira mal, a los recicladores”.
Paz y bien nos cuenta, bajo cuerda, que al hijo del presidente, Jerónimo Uribe, lo conocen por “El Zar de la Chatarra”, y que hace buen negocio con el trabajo de los que rebuscan en la calle…
Le invitamos a una almojábana, un panecillo típico de aquí. “Os deseo paz y bien”, se despide. Sospecho que por desgracia, su pequeño plan para cambiar el mundo, o su pequeña realidad, se quedará en este rato de charla.



